Yoga y Chamanismo

El yoga requiere tender una visión más amplia sobre el propio cuerpo y su modo de sanación.

¿Nada nuevo bajo el sol?

Un curso de Yoga es como un test proyectivo que nos permite ver dónde se sitúan las necesidades de la persona y dónde residen sus problemas. Ya la sola puesta al día de una dificultad inconsciente o mal conocida constituye un aviso de solución. El objetivo de nuestro método es que las personas tomen conciencia de su identidad, de sus dificultades, de lo que les empuja a actuar. Necesitamos de un cierto recorrido genealógico para ver los orígenes ancestrales de muchas de nuestras preocupaciones o enfermedades. Pero, al mismo tiempo, necesitamos realizar una acción concreta si queremos conseguir una curación verdadera. Esta acción será al mismo tiempo creativa, dentro de nuestra realidad e integrada en nuestra vivencia psico-corporal.
A veces es muy difícil aceptar racionalmente muchas cosas que nos ocurren, entonces deberemos servirnos de un cierto ceremonial, minucioso y prefijado, que es nuestra práctica, es un lenguaje que el inconsciente comprende. En el análisis tradicional, se trata de descubrir y de interpretar los lenguajes enviados por el inconsciente  y pasarlos a un lenguaje corriente. En la práctica realizamos el efecto inverso, enviamos mensajes al inconsciente utilizando lenguajes simbólicos, sensitivos o psico-corporales que le son familiares, luego le corresponde al inconsciente descodificar este lenguaje enviado por el consciente. Si te diriges al inconsciente en su propio lenguaje, él te va a comprender y a responder.
Tras toda práctica se esconde como una curación chamánica, no son operaciones, pero tampoco lo contrario, no tiene importancia. Es nuestra creencia en un mundo “objetivo”, nuestra mentalidad moderna y racional que hace que esta clase de preguntas nos atormente un poquito.
Nosotros nos situamos siempre, en tanto que observadores, separados de los fenómenos exteriores, en los cuales los mecanismos deberán ser claramente controlados. En la mentalidad “chamánica” por el contrario, este tipo de problemas no se plantean jamás. No existe sujeto observador y objeto observado, existe el mundo, como si fuera un sueño, lleno de signos y de símbolos, campos de interacción donde se encuentran múltiples fuerzas e influencias. En este contexto saber lo que nos pasa en un trabajo interno, su aspecto terapéutico y su capacidad curativa, me parecen llenos de realidad.
¿ Qué realidad ?. Desde el momento que penetramos en un campo energético místico o de un chamán, que nos incorporamos a su realidad y ella entra en la nuestra, evolucionamos juntos al interior de una realidad en donde ciertas curaciones o sanciones, psíquicas o físico-energéticas, se nos revelan como efectivas.
La prueba está en que muchas personas con pequeñas prácticas resuelven o penetran en ese origen genealógico de ciertos conflictos y su actitud cambia física, mental y espiritualmente. El secreto de cómo ocurre es imposible desvelarlo por mucho que practiquemos, sólo la entrega confiada nos lleva a ese profundo estado de transformación y sanación. ¿ Teatro, prestidigitación o psicología del actor ?, es igual, pero qué buena escuela de arte creativo es el trabajo interior.
Quizás lo que más he aprendido del trabajo interior ha sido el cómo tratar a las personas y a comprender que cada persona – o casi  todas – es un niño o un adolescente.
Cuando necesito “ver” a una persona necesito tocarla con mis manos, sentirla. Así establezco una relación sensorial y de confianza. Las resistencias se funden como la nieve en el sol. Las manos hacen mucho más por la confianza, efecto placebo, que las explicaciones y además nos abren a la receptividad. Siempre el contacto nos permite establecer un primer diagnóstico.
La práctica nos lleva también a reconocer nuestras limitaciones y a aceptarlas, cosa que en muchos momentos de nuestra vida nos supondría más de una crisis. Nos ayuda a salir de nuestro mundo de pensamientos, de imaginación y nos permite mirar la realidad cara a cara, reconciliarnos con nosotros mismos.
Muchas de nuestras dificultades sea ante la vida o el afrontar distintas experiencias nos suponen verdaderos traumas, cuando en realidad no sufrimos disminuciones físicas o psíquicas que en principio nos impidan afrontarlos, como por ejemplo – el ganarse la vida –.
Sólo una prueba verdaderamente “extraña” o difícil nos hará desarrollar nuestra capacidad de sacrificio y desarrollará nuestra voluntad. Es decir, será más fácil afrontar nuestras barreras para buscar un trabajo, que soportar la “prueba chamánica”, por rara que nos parezca, ya que desata nuestros fantasmas y los “suplicios” de las pruebas.
La justeza de la práctica nos obliga a afinar nuestra voluntad, cualidad indispensable para ganarse normalmente la vida, comprender los esfuerzos y dar fluidez, entrada y salida, a las diversas realidades o necesidades que circulan en nuestra cadena de sobrevivencia como dinero, esfuerzo, tolerancia….
La práctica es como una operación chamánica, el cuerpo reacciona como si siguiera una verdadera intervención o transformación profunda.
El efecto placebo ha sido contrastado no sólo en reacciones a ciertos componentes homeopáticos sino también en ciertas operaciones  quirúrgicas.
Si tú aceptas la intervención, tu cuerpo va a reaccionar como si la hubiese soportado. El cuerpo humano acepta directa e ingénuamente el lenguaje simbólico, de la misma forma que lo hace un niño. Hasta el vocabulario en nuestros cursos debe ser empleado de manera operacional para “darnos cuenta”, soltar nuestros límites o bloqueos e incidir en una profunda curación.
La comunicación simbólica que se esconde detrás de toda relación social, amistosa o de profesor-alumno, requiere una atención y observación intensas. A veces descodificar estos criptogramas que todos expresamos con nuestras posturas, gestos, adornos, lenguajes, requiere de un cierto ritual sin el cual el lenguaje simbólico pierde su fuerza operacional, así la práctica requiere de un saludo, crear unas condiciones, entrar en un espacio sagrado, salir del relativismo de tiempo-espacio. Nada ante un ritual es anodino, todo debe ser analizado y ofrecido, debemos entrar en él desnudos, sin cargas, sin recelos.
Todo esto requiere, la mayor parte de las veces, un conocimiento intuitivo y no intelectual o científico-analítico.
Es impensable a un chamán o a una brujilla arrancarles un discurso basado sobre su práctica y cómo llegaron a ella, para ello necesitarían situarse en el exterior de la realidad, verse actuar y descodificar su estado. Su fuerza reside precisamente en el hecho que ellos mantienen con el mundo una relación interior, no son los espectadores de un mundo “objetivo” inanimado, sino que forman parte de un universo subjetivo en el cual todo está vivo y todo habla.
Es así como la enfermedad pierde su estatus de enemigo invisible  y amenazante para encarnarse a veces un una figura un tanto grotesca susceptible de ser combatida en duelo. A veces necesitamos mirarnos en el espejo que nos ofrece el trabajo personal, y ver a nuestra sombra Goyesca y amenazante sucumbir ante nuestra aceptación y disposición verdadera de cambio.
La práctica vendría a ser como un trance, una alucinación colectiva, el mago que nos transforma sin recurrir a otros elementos que no sean los de nuestra propia naturaleza.
Estos actos mágicos se nos van revelando, poco a poco, eficaces, y van aliviando las dolencias de los que sufren a nivel físico, emocional o vivencial.
Nuestra realidad ante la práctica del Yoga es distinta, venimos de una cultura analítica y racional, no podemos salvo excepciones, convertirnos en chamanes o brujos, ya que no hemos nacido en un contexto primitivo.
Aunque tuviéramos la mejor voluntad y la abertura mental más grande del mundo sería imposible, no nos podemos deshacer tan fácilmente de nuestro bagaje cultural occidental.
Los que estamos en este mundillo a veces somos tildados de un poco locos, es cierto pero nuestra locura permanece enraizada en una cultura “moderna”, somos el producto de una sociedad materialista que pretende mantener con el mundo una relación objetiva, nuestras mayores audacias se sitúan siempre dentro de estos límites fuera de los cuales no podemos permanecer. Nos atrevemos a sacar nuestras contradicciones y ciertas comprensiones fugaces, pero no anulan nuestra concepción racional del mundo.
Para ser chamanes necesitaríamos habitar un mundo chamánico. Además, si soy sincero, no creo mucho en la magia primitiva, me falta el Don para ser un curandero. Pero si creo en la parte psíquica de la “magia”, en el simbolismo que se encierra detrás de cada acto, de cada olvido o de cada gesto.
No podría afirmar la veracidad de la magia y por lo tanto tampoco puedo afirmar su falsedad, pero para aprender del contenido psíquico de las tradiciones necesito adoptar una postura muy clara y hacer como si no creyera absolutamente en nada. Dice Don Juan :
«Es posible insistir, incluso juiciosamente, incluso si pensamos que es inútil, hacerlo sonriendo, aunque, desde el principio, sepamos que todos nuestros actos son inútiles, y que, a pesar de todo, debemos hacer como si no lo supiéramos. Esta es la locura controlada del chamán. Elijo sentirme feliz como si pareciera que ante cualquier acto yo me siento implicado. Mis actos son sinceros, pero no son más que los actos de un actor. Tú te interesas demasiado en amar a las personas o en hacerte amar por ellas. Una persona de conocimiento ama, es todo. Ama lo que quiere, pero se sirve de su locura controlada para no interesarse.
Elige no importa que acción y realízala como si fuera importante para ti, cuando la hayas realizado íntegramente retírate en paz. Que hayan salido bien o mal, hayan sido buenas o malas, ya no te concierne».

Muchas cosas se han dicho del Yoga y de la práctica, personalmente podría haberlas aceptado todas con los ojos cerrados y convertirme en un mediocre enseñante – sanador, hubiera cambiado mi piel por la del chamán, diciendo que todas esas historias podrían ser verdad.
Sin embargo me esforcé siempre por pensar como si todo eso fuera falso. Por “falso” no entiendo inexistente, he comprobado curaciones y fenómenos extraños que ocurrían después de ciertas prácticas, y se que no eran magia o milagro, muchas podían llegar a ser explicadas por leyes psicológicas.
Así aprendí que muchas de aquellas curaciones las podía reutilizar en mi contexto. Por ejemplo utilizar el lenguaje de los objetos, el vocabulario simbólico que me llevó a la psico-anatomía, a analizar los actos impregnados de gestos, las actitudes cargadas de emoción. Analizar todo esto producía en la persona ciertos efectos : como el de dirigirse al inconsciente directamente y en su propio lenguaje, pasando sea por la palabra, por los objetos o por las acciones. Esto me ha enseñado el chamanismo y mi aplicación al Yoga.
Más tarde he visto que todas las tradiciones nos ponen en contacto con esos elementos universales dignos de ser utilizados de manera consciente en mi propia práctica. El poder de la palabra “el verbo”, esto lo encontramos en todas las culturas primitivas, la convicción al expresar un deseo encierra ya su realización. A menudo el nombre de “Dios” o del Espíritu está encerrado por su asociación con una imagen, pero los ancianos siempre supieron, intuitivamente, que el inconsciente no era receptivo solamente al lenguaje sino también a las formas, a las imágenes, a los objetos. Los Egipcios le daban una importancia excepcional a la palabra escrita.
Cuando escribimos nuestra historia o nuestro diario, no lo que escribimos sino el sólo hecho de escribirlo ya tiene de por sí propiedades terapéuticas. Las abluciones rituales o purificaciones nos colocan en una actitud diferente, lavarse la boca siete veces antes de hablar con alguien nos ayuda a recordarnos lo importante que es todo lo que de ella salga, llenarse los bolsillos de lavanda antes de afrontar un encuentro difícil, son principios universales de lo mágico que nos permiten reforzar nuestro mental para afrontar situaciones con una actitud más abierta y amorosa.
Toda tierra requiere un camino, cualquiera es válido si sabemos llevar y descubrir esos principios universales que nos ayudan a ubicarnos ante cualquier situación de la vida, desde el corazón.
Nuestra práctica no debiera olvidar estos principios mágicos y profundamente enraizados en la psicología de lo humano.
Dice un antiguo texto sagrado de la India hablando de la transformación: – Es tan nueva como secreta y aunque sea muy antigua es accesible a todos – Maharthamanjari.
Un abrazo muy fuerte a todos desde esta tierra maravillosa.

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