Notas sobre el estrés

Introducción a la Meditación Vipassana

Vipassana significa ver con claridad.

Es preciosa la metáfora que utiliza la Lama Tashi Lhamo para explicarnos el proceso de la mente hacia la práctica de Vipassana. La imagen es un lago y la luna llena. La superficie del agua está agitada por olas. El viento que las produce son las emociones perturbadoras, el apego, el rechazo… La luna llena está pero debido al movimiento de la superficie del lago el reflejo de la luna en el agua lo vemos fragmentado. La práctica de samatha pacifica el movimiento del agua, deja de soplar el viento y la superficie del lago queda como un espejo. La práctica de Vipassana permite reconocer la luna reflejada en el agua (el proceso posterior sería reconocer que la luna y el lago no son diferentes).

Con la técnica de meditación vipassana observamos las cosas sin juzgar y por ese motivo podemos considerarla una técnica no dual, donde desaparece la separación entre el que observa y lo que es observado. Se trata de ver “correctamente”, aceptando las cosas como son sin la “contaminación” de nuestros juicios de valor, sin los parámetros, las delimitaciones de nuestros conceptos. Cualquier pensamiento debe ser honrado como una parte de nosotros mismos por lo que no rechazamos sino que “nos damos cuenta”. Se va despertando el reconocer también en la vida cotidiana.

Una vez más la técnica, Vipassana, no es solo lo más importante ya que necesita de una actitud por nuestra parte. Podríamos establecer el siguiente porcentaje: 25% técnica, 25% relajación, 25% autoestima y 25% indagación. Necesitamos una atención centrada, pero también distensión corporal, el esfuerzo adecuado para evitar perder la atención pero sin exceso de tensión, tratarnos bien a nosotros mismos desde una actitud positiva y cariñosa, y manteniendo la capacidad de autoindagación, el interés por investigar, entendiendo que no se trata de una investigación intelectual ya que no es el intelecto el medio que nos permitirá conocer la verdadera naturaleza de nuestra mente. Desarrollar la sensibilidad de abrirnos, sentirnos presentes, sin deseo de control, sin crispación, sin ambición, sin expectativa, sin miedo. Sentir que podemos practicar con el corazón alegre para poder aceptar cualquier circunstancia.

Vipassana sería como una persecución sistemática de los espacios donde se asienta la ignorancia, la aversión y el apego, pero desde la receptividad, integrando las partes escindidas de nuestro ser que no hemos asumido (respuestas de la vida ante el miedo a sentimientos o emociones que nos pueden desbordar). Todo lo que está nos constituye y sin rechazarlo nos libera. Paciencia y perseverancia para sentarnos a observar. Observar sin afectación, solo darnos cuenta, recordando los tres principios inherentes a la naturaleza humana: la naturaleza de la transitoriedad, la naturaleza del sufrimiento y la naturaleza de la insubstancialidad (la ausencia del ego).

Para llegar a una fase no dual existe una evolución en la práctica de la meditación:

  1. Dificultades con los obstáculos. En el inicio debemos volver a citar los obstáculos que encuentra el meditador. Recordar el deseo que nos hace desear algo creyendo que en su consecución llegará la felicidad, pero que una vez conseguido nos llevará a desear otra cosa, buscando satisfacer la insaciable insatisfacción humana. Recordar el rechazo o aversión y también el miedo y los prejuicios establecidos en nosotros. Estar atentos ante la somnolencia o ante la inquietud, opuesta al sopor. Agitación, nerviosismo, etc. Y estar atentos ante la duda que nos puede hacer dudar de nuestra capacidad para meditar, de la propia práctica de la meditación, etc.J. Goldstein y J.Kornfield en su libro “Vipassana” nos hablan de no reprimir los obstáculos para no incrementar su fuerza: “La forma directa de trabajar con las dificultades que aparezcan en la práctica consiste en ser conscientes de ellas y convertirlas en el objeto de nuestra meditación. De este modo el poder de la atención plena nos permitirá transformar los obstáculos en aspectos de la meditación y nos brindará la oportunidad de utilizar la conciencia que tenemos de ellos para fomentar la libertad de nuestra mente”. (pàg. 76)Podemos observar que los obstáculos aparecen por separado o pueden venir simultáneamente. Cuando vemos que un obstáculo predomina respecto a los demás también podemos meditar en la cualidad opuesta, precisamente para diluir la anterior, por ejemplo ante el odio compasión o ante la duda confianza. Respecto a la duda y volviendo a los autores antes citados, ponen énfasis entre la duda obstáculo que interfiere en la meditación al dudar por ejemplo sobre la propia capacidad para llevarla a cabo, y la “gran duda”, la duda sobre quien somos, sobre la propia naturaleza del yo que, en cambio, nos impulsa a meditar y nos da energía para mantener la práctica.La práctica de la meditación cambiará la relación que establecemos con los obstáculos de la propia práctica.
  2. Dificultades para mantener la postura. Dolores físicos, tensión y resistencia ante la posición meditativa. Dolores dhármicos inherentes a la práctica. Ante estas dificultades necesitamos relajar el cuerpo y relajar la respiración. Relajar la lengua que suaviza inmediatamente la tensión en el rostro y en consecuencia el resto del cuerpo.Observar pero no controlar la respiración, dejar que nuestro cuerpo respire sin ni tan solo querer respirar bien. Sin intención de ampliar o alargar la inhalación o exhalación, que a veces puede ser más profunda y otras más suave. Dejar que el aire fluya relajadamente.Podemos poner la atención sin interferir en el movimiento y recorrido del aire al entrar y salir de nuestro cuerpo. Manteniendo la atención en la respiración podemos anotar mentalmente “adentro-afuera” coincidiendo con la entrada y salida del aire.
  3. Después de aquietar el cuerpo y también la respiración pasamos a calmar la mente. Tomamos conciencia del movimiento mental, del discurso interno e incesante. Se trata de la naturaleza de la mente que sin centramiento discurre entre pensamientos, ideas, recuerdos, planes de futuro, emociones, como una personal historia interminable. Los maestros budistas le han dado un nombre a dicha fase: la cascada.Para adiestrar la mente podemos observarla y siguiendo con la atención en la respiración anotar mentalmente el movimiento mental. De esta forma si aparece un pensamiento registramos “pensamiento” y lo soltamos, si aparece un ruido registramos “sonido” y seguimos con la práctica, o “distracción” o “emoción” o “miedo”,etc. Pero solo es un registro, no entramos a analizar cada una de las anotaciones. Se trata de darnos cuenta desde una posición relajada y de equilibrio de los pensamientos, sensaciones o emociones que van apareciendo, sin rigidez, sin ansias de control.No siempre somos conscientes de un pensamiento desde el momento en que se inicia, puede ser que nos demos cuenta cuando ya está finalizando o en la mitad. De cualquier forma registramos “pensamiento” sin entrar en juicios de valor. Podemos también darnos cuenta de una cadena de pensamientos, es decir como un pensamiento inicial ha originado una serie de pensamientos posteriores, ha dado lugar a un discurso interno. Lo importante es no establecer ninguna lucha con nosotros mismos por nuestro proceso mental.También podemos sentir que la situación nos supera cuando llega un pensamiento que conlleva una emoción que nos produce una sensación, etc, recordamos una vez más la simplicidad de la práctica y anotamos “caos” o “confusión” para una vez registrado seguir con la meditación. Si en la práctica de samata centrábamos la mente en un soporte para eliminar la distracción, en vipassana no eliminamos la distracción sino que registramos cada situación que aporte el instante presente: estados mentales, sensaciones, sonidos, respiración…Dejamos que pensamientos, emociones, sensaciones, fluyan, lleguen y se vayan. Utilizando una de las comparaciones más habituales respecto a la mente, vemos la mente como un océano y el movimiento de la mente como las olas que vienen y van, y las dejamos partir sin aferrarnos a ellas. La mente se irá calmando hasta llegar a ser como la superfície de un lago, pacífica y transparente, porque observamos la propia mente como si de un paisaje se tratara y no desde la perspectiva del ego, del yo. Con la meditación alejamos el centro de atención del ego. Este ejemplo sin embargo podría llevarnos al error de creer que el yo es el observador del paisaje mental, aumentando la distancia, incrementando la dualidad, pero en verdad percibimos que todo viene y se va, que todo es transitorio, que todo es insustancial, que nada nos pertenece porque observamos desde la ausencia del ego. Utilizando una nueva metáfora podemos decir que la meditación es como un barco que nos cruza de una orilla (la dualidad observador-observado, yo-tú) a la otra (la no dualidad, la ausencia de ego, cuando observador y observado es lo mismo).Calmar la mente es un proceso lento, que al principio puede resultar desalentador. Debemos suavizar el nivel de autoexigencia, no ser excesivamente duros con nosotros mismos. Con la concentración relajada podremos estabilizar la mente. Utilizaré de nuevo las palabras de J. Goldstein y J.Kornfield: “La concentración nos enseña a entregarnos plenamente. Al principio, por supuesto, el adiestramiento de la mente no se diferencia del proceso de entrenamiento de un cachorro. Si ponemos en el suelo al cahorrillo y nos limitamos a ordenarle que se quede quieto ¿qué es lo que hará? Levantarse y corretear dando vueltas y más vueltas (…) Tal vez después de repetir la orden una veintena de veces, el perrito comenzará muy, muy lentamente a comprender (…) Después de multitud de sentadas, quizás podamos permanecer atentos el diez por ciento del tiempo” (Pàg. 98)

    Poco a poco los momentos de plena concentración de la mente se convertirán en más frecuentes.

    Desde la mente estabilizada observaremos aquello que transita por ella sin despertar sentimientos ni de identificación ni de rechazo, pero al mismo tiempo sin perder la intención de investigar en el propio interior. Por muchas y muchas veces que nos hayamos sentado a meditar cada momento presente es nuevo. Investigamos como nos quedamos atrapados a los propios miedos y deseos y a los propios rechazos, y como estos descubrimientos nos hacen más libres.

    Estabilizada la mente el paso siguiente será la apertura. La observación atenta sobre el cuerpo permite desbloquear tensiones profundas que nos permiten abrirnos, pero no es fácil abrir ya que precisamos de una observación sincera y sin miedo. Observamos los esquemas mentales que tendimos a repetir una y otra vez, y buscando una mayor profundidad intentamos observar lo que hay escondido detrás, ya que la función de estos patrones no es otra que esconder aquello que nos cuesta reconocer porque hemos etiquetado como negativo. La práctica se sitúa aún en la dualidad, en la separación observador-observado.

  4. Hemos puesto la atención en nuestro cuerpo, en las sensaciones, en los fenómenos mentales y debemos ponerla también en las verdades y leyes que rigen nuestra vida. Tomamos conciencia de las leyes que rigen los procesos de nuestra mente y de nuestro cuerpo. Tomamos conciencia de la impermanencia, de que todo cambia constantemente, de que nada es permanente. Cambia la respiración y cambian las sensaciones de nuestro cuerpo. Tampoco son permanentes los estados mentales. Podemos movernos del equilibrio a momentos en que nuestros deseos nos generan sufrimiento. Con la meditación no buscamos conseguir un estado mental “especial” ya que dicho estado sería también temporal. No buscamos entrar en un estado placentero, etéreo, sino llegar a ver la realidad tal y como es.Todo cambia fuera de la posibilidad de control por nuestra parte. Retomo de nuevo a J. Goldstein y J.Kornfield: “Toda la verdad de nuestro ser consiste simplemente en este proceso de cambio incesante. Nada es permanente y, puesto que nada perdura, no merece la pena que nos identifiquemos con nada. Todo está vacío y carece de yo, como las nubes que se desplazan por el cielo. Sólo cuando nos percatemos de que nada puede brindarnos seguridad, de que no existe un lugar sólido en el que podamos permanecer, estaremos en condiciones de soltar, ser y reposar (…) Mientras sigamos aferrados a nuestro cuerpo, ideas, a nuestros recuerdos, a nuestras reacciones e incluso a nuestra observación, seguiremos la ilusión de un “yo” separado y esa ilusión solo nos traerá más sufrimiento”.
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