Los ejes de la meditación: 3 - Sólo respira

La autorregulación o la inteligencia espiritual

El arte de la escucha interior, la autorregulación, se basa en aplicar la inteligencia espiritual, conocimiento, integración y compasión, a nuestra capacidad de comprensión de que cada parte de nuestro ser se sostiene por su pertenencia a un todo.

Integrar estos tres elementos, escucha, inteligencia espiritual y comprensión, conforman nuestra verdadera práctica, nuestro camino interior, nuestra sadhana.

El diálogo entre la parte y el todo, de nuestro cuerpo, de nuestros pensamientos o de nuestras emociones suponen un profundo conocimiento de nuestra naturaleza que sólo nos llega cuando nuestro espíritu está preparado.

No basta, o mejor no sirve, nuestro constante discurso mental, pensar por pensar, ya que esta constante hiperactividad tiene ciertas consecuencias y la más importante es la de permanecer enfrascados en las fantasías y estados de ánimo de nuestros pensamientos como si fuesen reales, siendo ésta una de las causas, quizás la más relevante, del sufrimiento humano.

Debemos practicar con una presencia, escucha y conciencia meditativa para superar estos hábitos tan poco necesarios para nuestro equilibrio. Esta atención en nuestra práctica debe ser espontánea, fresca y sin discursos ni juicios mentales, manteniéndonos en un estado de unidad y conexión con lo que sucede mientras estamos observando con total presencia.

La conciencia es simplicidad y eso supone nuestro mayor obstáculo ya que nuestra mente asocia el “no juicio” o la presencia sin juicio, a un distanciamiento de la realidad y a una no participación en ella. Nada más distante de dicha realidad. La simplicidad de la conciencia esta hecha de silencio, de calor, de ecuanimidad y esto requiere un largo adiestramiento para disolver los límites de nuestra mente y los nudos de nuestro corazón, así es como alcanzaremos esa simplicidad llena de calor y de claridad.

La esencia de la práctica no se alcanza “practicando formalmente” esperando que nos llegue ese estado de profunda paz y serenidad, sino que debemos cultivar una actitud y un modo de ser en la vida y no esperar la experiencia profunda y trascendental de la práctica. Así cada gesto, acto, encuentro o situación de la vida se convertirá en si misma en una posibilidad de despertar la conciencia.

La vida es para vivirla y no para aprender a vivirla. Practicar la conciencia meditativa quiere decir cultivar la presencia en cada momento ante todo lo que surja y aparezca en nuestra vida, con un corazón abierto y una mente despierta.

Autorregulación, integrar la parte en el todo, quiere decir liberar nuestra capacidad de soportar la cotidianidad (pequeña realidad) haciendo que se convierta en un instrumento de conciencia y libertad (gran realidad).

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3 comentarios
  1. Montse
    Montse Dice:

    Carlos me ha encantado. Llevo un tiempo trabajando en ser la observadora de mi mente intentando no emitir juicio, y es todo un ciclón de pensamientos, llevar conciencia a esto es de vital importancia.
    Enhorabuena por el Artículo.

    Responder

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