Aldo-Mazzi-pittore

Dedicado a los Maestros

OM SAHA NĀU AVATU – Que Dios nos proteja a ambos
SAHA NAU BHUNAKTU – Que Él nos nutra, nos alimente
SAHA VIRYAM KARAVĀVAHAI – Que podamos adquirir la capacidad de comprensión
TEJASVI NĀU ADHITAM ASTU – Que seamos luminosos con nuestro estudio
MĀ VIDVISĀVAHAI – Que no discutamos nunca entre nosotros
OM SĀNTIH SĀNTIH SĀNTIH – Om paz, paz, paz

Hay en los Upanishad una imagen que expresa muy bien la idea de la transmisión, y es que para encender una vela es necesario que otra vela encendida se le acerque, la toque y permanezca un cierto tiempo a su lado.

Podríamos decir que la motivación es el “quid” que mueve toda conducta que permitirá provocar cambios tanto a nivel personal como en nuestra vida relacional. Necesitamos un equilibrio entre el conocimiento (poder) y los afectos (querer). Un profesor transmite más afecto que un texto o una grabación, ofrece escucha y disponibilidad, cuida y da ánimo, aporta su experiencia, estimula e interacciona. Una enseñanza viva sólo se puede transmitir estando en relación, en presencia. El profesor, a través de su enseñanza, tiene que saber generar en el alumno confianza en sus propias creencias, en sí mismo, y también transmitirle como enseñante, la confianza en su propio trabajo, que es el objetivo de su formación.

Un maestro es alguien que ha contraído un compromiso con la formación humana. Formar es iluminar la manera de ser y de actuar de los alumnos, y es un proceso que involucra tanto a la razón como a la sensibilidad. La cualidad de su formación exige al maestro un proyecto de vida consecuente con los principios que orientan su labor educativa.

Un maestro tiende puentes y hace que los alumnos se comuniquen con el conocimiento, les señala el camino; les señala horizontes inagotables de saber; les dice cómo retirar los velos que ocultan la verdadera naturaleza de los fenómenos y de las cosas.

Un maestro es alguien capaz de expresar y de sentir ternura, de estar siempre abierto y sensible a las vivencias afectivas de los alumnos; de transmitir en la experiencia de enseñar, el goce del conocimiento; de revelar la manera cómo el conocimiento embellece la vida; de generar ilusión y contagiar de actitudes de respeto hacia uno mismo, de entusiasmo y calidez en su relación con los otros, de autoconfianza y valoración en su propio espíritu y en sus posibilidades.

Un maestro tiene un orden interno, espacio y luz para organizar sus ideas llenas de experiencia personal y bien documentadas, para que su palabra comunique con claridad y seguridad conduciendo a los alumnos hacia cambios significativos. Sabe transmitir ilusión a través de la práctica, el estudio y la indagación personal, de manera que los métodos de comunicación empleados sirvan para hacer más atractiva y eficiente la transmisión de su mensaje.

La llama de la vela es la enseñanza viva que está sostenida por la experiencia; la proximidad de la vela es nuestra capacidad de ponernos en relación.

La transmisión del yoga no es la transmisión de un saber intelectual, sino el proceso que hace posible una transformación positiva de nuestra mente y por lo tanto de nuestra realidad.

El maestro se siente responsable y el alumno se siente habitado por la certeza de que el maestro es y está disponible. Entonces el maestro no puede ser otra cosa que un amigo, alguien cercano y disponible con quien siempre puedes contar.

[La imagen es la reproducción autorizada de una pintura de Aldo MazziPaisaje Toscano.]

Esta entrada también está disponible en: Italiano

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